viernes, 20 de agosto de 2010

De Lima a Heidelberg. Parte I

Desde hace casi dos años que las viviencias en Alemania comenzaron. En realidad desde antes.
No encontré mejor manera de iniciar este blog, que narrando cómo llegue a Alemania.
Muchos saben que viví una pequeña aventura, pero hasta ahora nada detallado. Los hermanos de mi iglesia en Alemania, conocen mejor la historia, porque la escribí en Alemán para la revistita de la iglesia. Casi un año después hago una traducción al español de este relato (gracias a la conversación que tuve con una amiga).
El relato es un poco largo, así que lo publico en dos partes.

Espero, les guste:


Conducido por Dios. Mi viaje de Lima a Heidelberg

Es para mí una obligación el reconocer que Dios es maravilloso.

En el tiempo que llevo viviendo aquí en Heidelberg he aprendido a depender más de Dios y lo he conocido un poco mejor. Aprendí también, que un plan sólo es realizable, si uno ora constantemente por eso, que Dios quiere bendecirnos, pero que también debemos estar preparados espiritualmente para recibir sus bendiciones con agradecimiento y responsabilidad.

Para un peruano promedio no es nada fácil estudiar en el extranjero. Uno tiene que cumplir con muchos requisitos y un pásaje aéreo es realmente caro. Pero Dios puede eliminar todos esos impedimentos y hacer todo lo posible.

No sé porqué, pero siempre me interesé por saber cosas sobre Europa. Siempre fue mi deseo ir a estudiar allí. De todos los países Alemania siempre llamó mi atención más que el resto.
Cuando tenía 17 años, se me metió en la cabeza la idea de aprender Alemán. La oportunidad la tuve cuando conocí en una iglesia que, en aquel entonces, era pastoreada por mi abuelo a una chica. Ella estudiaba en un colegio alemán. Durante dos años nos conocimos, ya que cada sábado ayudábamos en esa iglesia ella y yo, junto con otros hermanos, en un programa para niños, como maestros y líderes. Ella me ayudó con los primeros pasos y luego empecé a aprender de manera autodidacta, cosa que no fue fácil.
Siempre me gustaron los temas de filosofía, historia, literatura, etc; así que con esos libros empecé. Palabras como Gegenstand (Objeto), Übermensch (Superhombre), Erfahrung (Experiencia) o Vernunft (razón) fueron entre otras las primeras en mi aprender. Por supuesto nunca he sido aplicado, así que el aprendizaje de esta a veces confusa lengua nunca fue constante. De vez en cuando aprendía algunas nuevas palabras y algún tema gramatical.
A los 18 años empezé mis estudios de Historia en la universidad. Las largas huelgas, la ausencia de los profesores, el descuido de las clases me obligaron a tener en cuenta la idea de estudiar en el extranjero antes de terminar mis estudios en Perú.
Luego de un tiempo de búsqueda considerable entre los diferentes países y de pensar y repensar cuál de ellos podría elegir y de comparar las condiciones entre ellos, elegí Alemania. El idioma fue la razón determinante, el Alemán me gusta. Mi lengua materna es Español, en España no hubiera tenido ningún problema. Mi primera lengua extranjera es Francés. En Francia no hubiera sido fácil, pero tampoco difícil. Inglaterra nunca fue una opción porque las condiciones para los estudiantes extranjeros en ese país son muy caras. El Alemán es mi tercera lengua. En Alemania hubiera sido dificil, como efectivamente lo fue al comienzo. Pero no me arrepiento.
La chica que estudiaba en el colegio alemán, que para ese momento ya se encontraba en Alemania desde hacía un año, me habló de la universidad de Heidelberg, y de que allí se podía estudiar una carrera tan específica como Asiriología (yo quería combinar la Historia con Filología y la Biblia, la Asiriología encaja perfectamente con eso). No fue dificil decidirme, ya que desde el colegio, cuando en una clase de Historia tocamos el tema de las escrituras cuneiformes quedé intrigado.

Cuando tomé la decisión de postular a esa universidad, tuve que reunir todos los documentos necesarios. Aquí un papel, por allá un sello, tiene que volver la próxima semana, los papeles todavía no están listos, el Director está de vacaciones, las firmas cuestan tanto... Los alemanes siempre dicen y afirman que su burocracia es la peor del mundo, es que no conocen la peruana. Cinco meses duró tener todos los papeles listos, y !sólo eran cinco documentos! Pero Dios proveyó en todo tiempo y no me hizo falta nada.

Para pagar las formalidades busqué un trabajo. Nunca se me hubiera ocurrido trabajar en un lugar como KFC, pero recibí un trabajo allí (algo que a mí me sorprendió mucho, porque pensaba que mi tipo de persona no encajaba con el tipo que la empresa buscaba). Era raro al comienzo, porque los fast food nunca me han gustado. El sueldo era poco, pero suficiente para mis planes.

En enero del 2008 envié mi postulación a la universidad para el semestre de verano 2008, a pesar de no tener todos los documentos completos (en realidad quería saber cómo fucionada todo). Asiriología sólo empieza en el semestre de invierno, así que postulé para Historia Antigua y Latín. No estaba seguro de que quería realmente estudiar eso, pero de todas maneras quería probar. Gracias a Dios no fui aceptado. A comienzos de marzo recibí la denegación de mi postulación.
Así esperé hasta el semestre de invierno, es decir hasta Junio, cuando la postulación comienza. Mientras tanto hice legalizar mis papeles y me inscribí en el Goethe-Institut, ya que la universidad solicitaba un certificado de mis conocimientos de Alemán.

Pero una cosa era segura para mí: sólo si es la voluntad de Dios, voy a estudiar en el extranjero. Desde el comienzo estuve orando constantemente por eso y les conté a los hermanos de la iglesia, para que ellos también me ayuden con sus oraciones. !Eso es el 50% del trabajo!

La iglesia es algo muy importante en la vida de un creyente. Por eso busqué desde noviembre del 2007, poco después de decidirme a postular para Alemania, una iglesia en Heidelberg. Alemania es un país „cristiano“, pero encontrar una buena iglesia es en estos días una empresa difícil. Luego de haber visto algunas páginas webs, encontré una de una iglesia bautista. Les escribí un e-mail y así comenzamos a comunicarnos. Les envié fotos mías, de mi familia, de la iglesia; les conté mis planes, etc.. Casi un año estuvimos escribiéndonos mails.

De esta manera pasó el tiempo. Junio era el tiempo de la postulación y tenía casi todo listo: Documentos, Iglesia, Carreras (Asiriología y Egiptología); sólo una cosa me faltaba: un cuarto donde pueda dormir en los primeros días, hasta que reciba un cuarto de la universidad. Estaba seguro de que Dios proveería todo a su debido momento.
La carpeta de postulación fue enviada, tendría que esperar un mes y medio para la respuesta y mientras tanto hice la solicitud de Visa. En la Embajada Alemana me trataron bien (cosa que me sorprendió). Deje mis papeles en la embajada y en unas tres semanas recibiría una respuesta.

Bien, todo ya estaba hecho, ya sólo me quedaba esperar, orar y ser un espectador de los acontecimientos. Quizás la parte más tensa de todo el proceso ¿no?

En la fecha acordada llamé a la Embajada Alemana y recibí una respuesta inesperada: Usted tiene que esperar, ya que su solicitud ha sido postergada -¡No!

Para sorpresa mía recibí la admisión de la universidad para Asiriología y Egiptología en julio. Estaba realemente contento y de manera imediata renuncié al trabajo en KFC, !al fin! Sin tener dinero, planeé, orando, el viaje. De un día para otro recibí dinero necesario. Mi antiguo de Francés, quien es un mentor para mí, que ahora vive en los EE. UU., me ayudó con el pasaje aéreo. Luego mis familiares me apoyaron con dinero tambien, el que reservé para los primeros días en Alemania. Un6s tíos míos, Claudio y Patricia, me pestraron los documentos necesarios para solicitar un préstamo a una oficina del Ministerio de Educación. Y finalmente adjunté la admisión a mi carpeta de documentos en el Embajada Alemana.

El tiempo en que ya tenía que partir se acercaba y no recibía la Visa, eso me tenía preocupado. Un día de esos decidí llamar a la embajada (ellos no querían que les llame, ya una vez había intentado), pero antes de llamar, me puse a orar, no para recibir una respuesta negativa o positiva, sino simplemente para recibir una respuesta, para saber algo del trámite. Mientras oraba en mi cama ese día en la mañana, vino mi mama a mi puerta con el teléfono en mano y dijo: Luis, es la Embajada Alemana. Eso era raro. Ellos ya me habían llamado un par de veces para hacerme preguntas, pero siempre en la tardes. La conversación fue corta: Señor Sáenz, le llama la Embajada Alemana -yo estaba tenso, nervioso y tenía la mirada clavada en la pared- quieríamos informale que su solicitud de visa fue aceptada. Tiene que traer una reserva de vuelo y en dos días estará la visa a su disposición. Eso fue todo. Le agradecí al Señor por esta oportunidad que me estaba dando de estudiar en Alemania.
Luego le conté a mi mamá, a mis hermanos y a mis familiares. Al fin luego de un año todo se volvía realidad.
Me compré un pasaje de avión, que en ese tiempo estaban realmente caros. Encontré uno más o menos barato, pero con un camino largo. Luego le escribí a la iglesia en Heidelberg (en realidad en un distrito que se llama Leimen), avisándoles cuando llegaría. Les había pedido su ayuda con un cuarto.
El viaje se llevaría a cabo dentro de un mes, el 17 de Setiembre del 2008 a las 6:30 pm y estaría llegando a Stuttgart el 19, a las 8:30 am. Primero de Lima a Amsterdam, allí tendría que esperar cinco horas. Una hora de Amsterdam a Milán, allí tendría que esperar 12 horas, y finalmente una hora de Milán a Stuttgart. La aerolínea era Alitalia.
Ese mes fue quizás el más largo de mi vida. Pero así estuvo bien, ya que había muchas cosas que hacer. Recogí la visa, limpié mi cuarto, ordené mis cosas, escogí los libros a llevar, me compré un poco de ropa una maleta y en las tarde repasaba alemán...

El día llegó

17. 09. 2008. Lima. En el Aeropuerto.
En la manana me levato y me pongo a orar , quería que Dios dirigiera mi camino.
Estaba aún en mi cuarto, cuando mi mamá me dijo: toma ya tu desayuno y alístate, porque vamos a comprar tus lentes. En realidad yo no quería, porque el dinero que tenía era relativemte poco y además desde hace 6 meses que ya no llevaba lentes. Pero si ella va a pagar, entonces no había problema.
Desayuno, luego me ducho, y unos minutos después me cuenta mi mamá lo que le suecedió a mi papá el día de ayer. Él fue al seminario, donde él enseña, y cuando abrió su casillero, encontró un sobre, en el que estaba escrito: para los estudios de tu hijo. !El sobre contenía $ 500.00!!! Maravilloso lo que hae el Señor.
Nos fuimos a comprar los lentes y unas últimas cosas necesarias para el viaje, luego, en casa, nos sentamos toda la familia a almorzar (sólo faltaba mi hermano gemelo, que tenía que trabajar, recién en el aeropuerto nos encotraríamos).
Unos 15 minutos antes de partir, oramos, luego de que mi padre leyera un pasaje de la Biblia: Hechos de los Apóstoles 7: 22, donde dice que Moisés fue enseñado en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras. Europa, un pueblo orgulloso de su historia y conocimiento, es como Egipto. Tengo que aprender lo mejor de ellos, para así ayudar a mis hermanos (la iglesia). Y un consejo aún: sirve siempre en una iglesia.

Con tres horas de anticipación tuve que hacer el chek-in en el aeropuerto. Luego de entregar mi equipaje noté que mi familia ya estaba allí, esperándome. Nos saludamos y luego conversamos de cualquier cosa esperando la salida del vuelo.
Una hora antes de partir, tengo que ir a la zona internancional. La despedida fue conmovedora. Con cada abrazó lloré. Mi tía Patty, Liz, mit tío David y Aída, Christian, mi abuelita, mi prima Pamela, mis hermanos Rossana y Daniel (de Esteban ya me había despedido en casa), mi cuñada Carolina y mi Mamá... ¡Qué tristesa! Con ella también lloré. Mis tías la abrazaron para consolarla. Al final mi papá... Adiós a todos.
Pago los impuestos de salida y les digo una vez más chau desde la distancia con las manos. Paso por el detector de metales y hago pasar mi equipaje por la máquina de rayos X. Lleno un formulario y camino buscando la puerta de acceso al avion, una vez allí me pongo en la cola para abordar.

El avión es relativamente grande. Dentro hay tres columnas de asientos, cada fila tienen nueve asientos, eso quiere decir, nueve asientos por fila, separados de tres en tres. Los asientos son cómodos (quizás después de 12 horas ya no más). Cada asiento tiene una pantalla, en la que se puede seguir toda la ruta de vuelo. Me siento en el medio, de la columna del medio, o sea, en el medio mismo. A mi izquierda se sienta un Señor con cara de árabe y a mi derecha, un holandés. No conversé con ninguno de los dos.
El avión parte a las 19:00 horas. Al principio se dirije lentamente a la pista de vuelo y ya allí acelera tan rápido que unos 7 u 8 segundos alcanza la velocidad de 300 km/h. Para despegar sólo se necesita 390 km/h... Gracias al Señor, ya estoy en el aire.
La altura de vuelo sube increíblemente, junto con la velocidad, sólo la temperatura externa baja, sintiendo a la vez cómo mis entrañas se quedan en tierra, mientras que mis orejas se tapan.
Adios querido país, en algún momento volveré. Tú no puedes ofrecerme lo que yo quiero.

En este momento, 9:33 pm, estoy sobre Venezuela. En Amsterdam son las 4:34 am. El avión vuela a una altura de 9448 m y a una velocidad de 944 km/h. Increíble.
Pero ahora pienso en que, hasta el momento en que dejé la casa, la iglesia de Leimen no me respondió, para confirmar, si me podían ayudar con un cuarto o no. Por si acaso le había escrito un e-mail a un amigo peruano, Arlie, que vive en Heidelberg (el hermano de la chica que me enseñó alemán en Perú), le pregunté si podía hospedarme en su cuarto, si es que la iglesia no me contestaba. El contestó que sí, pero no sabía cómo llegar a su casa. Tanto a los hermanos, como a Arlie, les dije también cuándo llegaba a Heidelberg. Así que no sabía si alguien me recogería o no (hasta ese momento no sabía todo lo que me iba a pasar).

Cómo aperitivo en el avión recibimos unas nueces con un toque de sal. Ordeno una Coca-Cola. Antes de que recibamos el refrigerio, la azafata nos da unos paños húmedos y tibios. Para qué es eso? Pensé. No sabía cuál era su función hasta que ví a los demás: limpiarse las manos. Pedí pasta para comer y una Heiniken para tomar. Estuvo bueno.
En realidad no es tan aburrido viajar en este avión. En la pantalla, que se tiene delante del asiento, se puede ver películas, música, series (me puse a ver Mr. Bean) e incluso videojeugos. Ahora mismo voy a ver el Príncipe Caspián.
En unas horas volaremos sobre el Atlántico.

[continuará...]

1 comentario:

  1. Super interesante, realmente me parece estar leyendo un libro contando la historia de un gran personaje. Dios te bedniga, me bendijo todo lo que compartes... por favor termina o completa la historia. Me gustaria saber que esta pasando ahora, despues de dos anos.

    ResponderEliminar