miércoles, 8 de septiembre de 2010

De Lima a Heidelberg. Parte II

Espero que hayan disfrutado de la primera parte de mi relato. Ahora les dejo la segunda parte. Creo que ésta es la más interesante.
Sin más preámbulo, disfruten de la lectura.

[continuación...]

18.09.2010 Sobre Gran Bretaña
Cuando ya estuvimos sobre el Atlántico hubo una fuerte turbulencia, tanto así que la tripulación nos ordenó abrocharnos los cinturones. Despues de eso todo el viaje fue tranquilo.
No pude dormir casi nada. Creo que solo dormí una media hora, el resto del tiempo cerré los ojos. Así pasé la noche y luego llegó el desayuno, el cual estuvo bueno.

El máximo de velocidad fue 1024 km/h y una altura de 11000 m.
Faltan sólo unos minutos para aterrizar en Europa. Al fin el continente que sólo conocía por fotos.

18.09.2010 Al fin Amsterdam
El avión aterrizó con normalidad. Mi papá me enseñó que es mejor esperar a que todos bajen, cuando uno viaja en un bus o avión. La salida de los pasajeros del avión fue lenta, pero me daba lo mismo, porque tenía que esperar todavía cinco horas para el siguiente vuelo. Fiel a la enseñanza de mi padre, salí casi al último.
Busque un lugar donde sentarme para buscar con tranquilidad en el mapa del aeropuerto, que recibí en Lima, el terminal a donde tenía que dirigirme. Ok, estoy aquí y tengo que ir hasta... allí. Bueno a caminar. Pero primero llamé a mi familia para avisarles, que todo marcha bien hasta ahora. Camino un poco en la dirección indicada en el mapa, luego camino de vuelta – uhmmm... no puedo encotrar la salida de esta sección, !el mapa está mal hecho! – así pensé un momento. Sabía que el aeropuerto es grande, pero no pude concebir las dimensiones. Luego de unos minutos entendí que el lugar en donde me encontraba era sólo una sección, la cual era ya bastante grande, y que es una de las otras seis secciones que en total hay. Por eso no pude entender el mapa, yo pensé que la sección donde me encontraba era todo el aeropuerto. Luego de darme cuenta de eso, pude encontrar mi camino.

El aeropuerto es relamente grande, pero todo está de tal manera inidicado, que uno mismo se puede guiar. Con las indicaciones y carteles uno se puede orientar muy bien. Hay todo lo que uno se puede imaginar aquí. Incluso hay un Formula-1 estacionado en medio del aeropuerto. Lo que me llama la atención es que en cada tienda hay postales con fotos de los paisajes de Holanda. La postal infaltable es la de la calle rosa, hay tantas postales de esa calle, es increíble. En varios de esos „stores“ se puede encontrar esos típicos suecos de madera.
Para saber, de donde partiría mi siguiente vuelo, busco en las pantallas LCD, en el que figuran todas las salidas y llegadas, y que están colgadas en todas partes, una indicación. Así me entero que desde el punto en donde me encuentro parado hasta el terminal de vuelo, tengo que caminar 27 minutos.
Da lo mismo, tengo bastante tiempo hasta el siguiente vuelo. Quería pasearme por el aeropuerto. En el paseo encuentro tiendas, bodegas, restaurantes, etc, hasta una parte en donde pensé – ajá ahí termina todo. Y como en esas películas en donde el héroe tiene que escalar una infinita cadena de montañas hasta alcanzar la más alta con la esperanza de que esa sea la última y consume sus pocas energías para alcanzar el ápice. Una vez arriba podría ver la playa o el bosque. Cuando ya se posa sobre la punta, miran decepcionados sus ojos nada más que montañas. Al llegar al final de esa sección para entrar a la otra, mi mirada se pierde entre las infinitas tiendas, restaurantes y personas.

Creo que estuve dos horas yendo de aquí para allá. Ya sabía exactamente dónde se encontraba la terminal para mi próximo vuelo y también la hora exacta de la partida. Decidí ir a dormir un rato... empresa sin éxito.
Me fui a buscar algo de comer. Encontré un restaurante que prometía. Cojí dos Sandwiches y un jugo de Kiwi: !14 euros!!! Increíble. Ya no podía devolverlos, no tuve otra alternativa que pagar. Pero como no tenía mucha hambre sólo comí un sandwich. Mejor así. Ya no quería gastar nada hasta Stuttgart. !Una Coca-Cola costaba 5 euros!

18.09.2010 Aeropuerto de Milán.
En Amsterdam esperé las cinco horas. Ahora en Milán tengo que esperar doce horas más.
El vuelo de Amsterdam a Milán fue tan corto que apenas lo sentí. Duró aproximadamente una hora En Lima necesitaba casi dos horas desde mi casa a la universidad.
Ahora aquí no tengo nada que hacer. Este aeropuerto no tiene nada que uno pueda mirar o algo que pueda hacer. Son casi las 8 pm. y casi todos los negocios ya están cerrados. Busco un asiento, me siento y me pongo los audífonos y escucho música en Español. Increíble, si no escucho italiano, por los rostros que veo, siento que estoy en un país latinoamericano.
Me parece interesante, que en Amsterdam la mayoría de propaganda en los paneles se trata de autos, compañías de seguro, electrodomésticos, Comida, etc., pero aquí en este aeropuerto casi toda la propaganda se trata de moda, zapatos, lentes, ropa interior, entre otras.
En comparación con el aeropuerto de Amsterdam, este es pequeño y se ve viejo, incluso los baños. !Tengo que esperar 12 horas!!!

19.09.2008 En cielo Alemán.
Ya estoy en el vuelo en dirección a Stuttgart.
En Milán sólo pude dormir una hora. Lo que hice la mayor parte del tiempo fue dar cientos de vueltas por el aeropuerto. Ni siquiera había alguien por allí con quien conversar. A salir no me atreví, era de noche y me daba la impresión que estaba en el fin del mundo. Esperar, esperar y nada más que esperar. El tiempo tan lento.
A las 5 am. abrió el counter de Alitalia. Pregunté allí si mi ticket y el vuelo estaban correctos. Todo en orden. La que me atendió me dijo que tenía que ir al sótano. Allí tuve que esperar con las últimas gotas de paciencia que me quedaban aún dos horás. Era raro ver que sólo personas ancianas esperaban los vuelos. Creo que sólo una pareja y yo éramos los únicos jóvenes.
!Al fin el último vuelo!!! A la hora programada un bus nos llevó del terminal al avión, el cual se encontraba aparcado lejos del aeropuerto. El avión es pequeño y se relativamente viejo. Entramos sin mucho desorden, ya que éramos solamente ocho pasajeros. Me acomodo en mi lugar y la azafata empieza a dar las indicaciones para los casos de emergencias, los que ya conocía de memoria. Pero, y eso tiene que decirse, si el mirar a la azafata, significaba tener que escuchar todo de nuevo, entonces valía la pena, porque estaba muy bonita. El vuelo durará una hora.
En Milán el cielo estaba completamente cubierto de nubes. Cuando atravesamos los Alpes, el cielo estaba despejado y pude admirar el paisaje.
El capitán nos informa, que ya estamos en cielo alemán. !Al fin!
Así como en las fotos, donde se ve los campos labrados formando cuadrículas con diferentes colores, así es la vista desde el avión.
Aquí y allá sólo veo pequeñs pueblitos, ¿Dónde están los 80 millones?

19.08.2008 Alemania. En casa de Bao, Dossenheim.
Unos minutos después aterrizó el avión.
El 19 de setiembre del 2009 a las 8:30 am. pisé suelo alemán. Un bus nos llevó del avión al aeropuerto. Una vez dentro me paré y pensé en lo que tenía que hacer. Primero recoger el equipaje. Lo busqué en la banda giratoria y luego de 10 minutos lo pude recoger. Me dirigí a la salida.
No sabía si alguien estaría esperando por mí. Voy a ver rapidito, si nadie me espera, voy a comprar inmediatamente un ticket de tren – pensé.
Efectivamente nadie esperaba por mí. Busqué el punto de venta de tickets. Con un alemán desastrozo le pedí a la vendedora que me vendiera un pasaje en dirección a Heidelberg. No pude entender lo que me dijo, sólo le di 50 euros y ella me dio el vuelto. Dos frases entendí bien: 6 minutos, en el sótano. Tenía que apurarme.
No sabía a donde tenía que ir, guiándome con los letreros mi dirijo hacia abajo. Para ese momento ya estaba inseguro, porque no sabía, si lo que estaba haciendo era lo correcto. Bajé y el primer tren (U-Bahn, subterráneo o metro) que vino, lo tomé.
Ya dentro me puse a pensar, si había tomado el tren correcto y en la dirección correcta. Un poco preocupado miro mi ticket de tren. Mmmm... no entiendo – fue mi conclusión. Sólo se leían abreviaciones (loa alemanes aman las abreviaciones y las siglas). Sobre la puerta del tren, habían unos carteles pegados, que mostraban la ruta del trayecto. Busqué el nombre Heidelberg. Heidelberg, Heidelberg... no lo encuentro.
Llegué hasta la estación central de Stuttgart. El tren se detuvo unos minutos más, que en las otras estaciones. Me paré y salí del tren. Unos 5 segundos después el tren se va. Un momento. ?Porqué hice eso? – pensé (ahora puedo afirmar, que fue el Espíritu Santo, quien me guiaba, el que me levantó y me hizo salir del tren). Supongo que puedo tomar el siguiente, en caso de que no haya sido correcto – fue mi conclusión. Le pregunté a una señora, qué tren tenía que tomar para llegar a Heidelberg (Stuttgart está como a 150 km. lejos de Heidelberg, yo no me había acordado de eso). Ella me dijo que tenía que subir. Arriba pregunté otra vez, la misma respuesta: tienes que ir arriba (Stuttgart tiene dos niveles bajo el suelo). Eso me parecía raro, arriba era la salida. Esta vez, arriba, encontré el centro de atención al cliente y allí pregunté una vez más. Un hombre, al que no le entendí más de dos palabras Gleis 10 (andén 10) y Oben (arriba), me aclaró que tenía que subir por las escaleras. Eso fue suficiente. Encontré unas escaleras grandes (me sorprendió mucho el no haberlas visto antes) y subí. El ICE (Tren de gran velocidad) estaría estacionado en el andén 10. Corrí, porque sólo quedaban 2 minutos para la partida. Pero primero le pregunté a un señor (quería estar bien seguro) si ese tren iba para Heidelberg. Keine Ahnung (ni idea) – recibí como respuesta. Subí al tren un busqué un asiento. A espaldas del asiento delantero, en frente mío, en una especie de redecilla había un folleto, que informaba la distintas paradas del ICE. Heidelberg, Heidelberg... oh aquí. En 45 minutos estaría llegando a Heidelberg. Recién allí pude respirar tranquilo.

Gracias al Dios de Abraham, Isaac y Jacob que me trajo hasta aquí.
Miré mi Ticket de tren, esta vez con detenimiento y paciencia para tratar de entender lo que estaba escrito. Me di cuenta de algo sorprendente: Hice la ruta exactamente como el ticket lo indica sin saberlo. !Dios es maravilloso!!! Pero también me dio un poco de miedo: si no estuviera siendo guiado por el Espíritu Santo, donde no estaría ahora.
Luego de 45 minutos llegué a la estación central de Heidelberg. Lentamente me dirigí a la salida. En el suelo, al lado de la entrada de la estación se hallaba tirado ebrio un hombre de uno 25 años. Mi primera impresión de Heidelberg. Pero en ese momento ya tenía otro problema: ?A dónde tengo que ir? Voy a buscar la casa de Arlie y luego voy a llamar a la iglesia, para preguntarles si me podrían ayudar con un cuarto. – decidí. !Pero Dios tenía otros planes!
Tenía la dirección de Arlie conmigo y pregunté en una oficina fuera de la estación donde daban información al turista. La chica, que me indicó el camino, me dijo que tranvía tenía que tomar, en qué paradero tenía que bajar y marco el camino en un mapa de Heidelberg que luego me dio
En el paradero, me puse a esperar la línea 21 ó 24 en dirección Technologie Park. El primero vino y lo tomé. Una vez dentro no sabía a quien debia pagarle, así que me senté. En el camino quería comprobar que estaba en la dirección correcta y comparé los paraderos a venir con el mapa que tenía en la mano. Oh, oh, – me di cuenta – he tomado el tranvía en dirección contraria. Tengo que bajarme.
En el nuevo paradero me puse a esperar nuevamente. Esta vez vino la 21. Ahora sí estaba seguro de haber tomado el tranvía correctamente. Dentro, ya sentado, una anciana me habla y empezamos a conversar. Yo entendía la mitad de lo que decía y también a medias podía responder (el Alemán uno tiene que cuidar mucho la declinación del artículo, para uno que habla una lengua romance resulta tedioso al comienzo). Le conté de dónde vengo, qué es lo que voy a estudiar. Mientras conversabamos, noté que un joven, que estaba parado cerca a nosotros, con cara de indio (de la India), nos estaba observando y escuchando. En el paradero Technologie Park me bajé y el joven también.
Cuando saqué el mapa para ver a donde tenía que dirigirme ahora, vino el indio y me preguntó en inglés si necesitaba ayuda. Le respondí en Alemán que estaba buscando una dirección. Él me dice que en la otra calle hay una mapa grande donde se pueden ver todas las calles (ese distrito se llama Neuenheimer Feld casi todo el lugar es un campus universitario, entonces las avenidas y calles están ordenadas un tanto diferentes a lo normal). Mientras tanto le conté de dónde vengo, qué voy a estudiar y otras cosas. Él me contó también un poco a cerca de sí mismo: él viene efectivamente de la India, se llama Anand y hace un doctorado en Indología. También le dije, que no es seguro que mi amigo peruano se encuentre en casa. Muy amigablemente me respondió: Si no está en casa, vienes a mi oficina. Voy a quedarme todo el día en el Instituto de Indología. El edificio se encuentra frente al paradero „Pedagogische Hochschule“. Me entregó su carta de presentación y nos despedimos.
Luego de unos 10 min. de buscar encontré el edificio donde vive Arlie y le toque el timbre. El no respondió (ahora sé, que yo me equivoqué al timbrale). Así que decidí ir al Intituto de Indología. Ni bien ví el instituto, encuentro a Anand, ya que se encontraba parado en las escaleras de acceso conversando con otras personas. Le explique que Arlie no estaba en casa. Mientras me guiaba a su oficina, nos cruzamos con uno de sus companeros de estudios. Él se llamaba Bao, era de Vietnam y también hace un doctorado en Indología. En su oficina Anand me preguntó, si tenía otras posibilidades de cuartos, en donde pudiera pasar la noche. Puedo llamar a una iglesia. Allí los hermanos saben que yo ya llegué – le respondí.
Le di el número telefónico y llamó. La esposa del pastor contestó y Anand le cuenta sobre la situación, de cómo me encontró y de que mi amigo no estaba esn casa. Él me da el celular y hablé con ella. Ella no cree estar segura de poder ayudarme por el momento. Quizás en una semana podría darme una respuesta. Ahora es seguro que no puedo contar con ellos – pensé.
Para ese momento Bao ya se encontraba en la oficina (el también trabajaba allí) y escucho toda la historia. Se quedó sorprendido, de que un peruano venga desde tan lejos y no tenga un lugar donde dormir. Anand me dijo: Busca otra vez a tu amigo y si no está en su casa, ya veremos qué podemos podemos.
Arlie no estaba en casa (al menos así pensé, volví a equivocarme con el intercomunicador). De nuevo en la oficina, Bao me propuso muy amablemente pasar la noche en su casa. Yo acepté. Me quedaría hasta el lunes allí.
En una media hora estaríamos yendo para su casa. Anand me prestó su computadora y le escribí y Arlie preguntándole, si puedo quedarme en su casa a partir del jueves.

Bao vive en Dossenheim, en un edificio para becarios. Su compañero de vivienda, que vivía en el tercer piso, estaba de vacaciones fuera de casa. Yo dormiría en allí arriba. El cuarto es bastante grande y tiene su propio baño.
Me duché luego de casi tres días de viaje y él ya preparó la comida...

Bao cocina muy bien. Luego de la comida nos fuimos a Mannheim y paseamos un rato por la ciudad. Él tenía que dejar a reparar una computadora.
De vuelta en casa me prestó una laptop y aprovecho para escribir a mi familia, a quienes no les cuento exactamente lo que está sucediendo. No quería que se enteren.
Luego de la cena conversamos un rato. Me entero de que es budista, que sabe Griego, Latín y Sánscrito. Yo estaba totalmente cansado.
Ahora me voy a la cama.

22. 09. 2008 Cuarto de Arlie, Neuenheimer Feld.
El viernes, en casa de Bao, me fui a dormir a eso de las 10 pm. y me desperté recién a las 10 am. sin abrir una sola vez los ojos. Sentí que fueron solamente 10 minutos.
Fue en buen tiempo en la casa de Bao. El sábado paseamos por Heidelberg: la Hauptstraße (zona peatonal) el Philosophenweg (camino de los filósofos). Me compré un reloj, un celular y otras cosas que necesitaba. En la tarde comimos en su casa nuevamente y luego conversamos unas cuantas horas.

Ahora me falta una sola cosa: la iglesia.
El domingo estaba todavía en casa de Bao. Él me llevó a la iglesia que se encuentra en Leimen (unos 25 km. de distancia). El fue siempre muy amable.
Cuando entré a la iglesia, reconocí al pastor. Ya había visto algunas fotos de él en la página web de la iglesia. Habló conmigo sobre algo de lo que ya no me acuerdo, y pronto empezó el servicio.
Al terminar el servicio conocí personalmente a Angelika, la esposa del pastor, con la que había hablado por celular. No hablamos de nada especial y no me dijo nada sobre un cuarto. Para mí ya no era importante, ya había quedado con Arlie para quedarme con él. Pero del alguna manera no me sentí bienvenido en esa iglesia. Me pareccía que no se sentían bien con mi presencia. Cuano uno viene como extranjero y nuevo en una iglesia, puede uno inmediatamente darse cuenta, si una iglesia es amigable con sus visitas. Aparte de Angelika nadie habló conmigo.
Cuando ya tenía que regresar no sabía donde tomar un bus o el tren. Le tuve que preguntar a Angelika. Ella me dio el horario del bus, pero no entendí nada. Luego Angelika le preguntó a una pareja si podían llevarme en su auto. Ellos aceptaron. Así volví a casa decepcionado, esta no era la iglesia para mí, eso era seguro.
En la misma tarde me puse a buscar otras iglesias en internet. He encontrado unas tres que me parecen buenas. Pero esa noche tenía que llevar mis cosas a la casa de Arlie. Bao me llevó hasta allá.
Al día siguiente (hoy) tenía que dar un examen de suficiencia de Alemán. Para poder iniciar mis estudios tengo que aprobar ese examen.

Hoy dí el examen y como lo preví no me fue bien. Estaba dificil. En una semana voy a dar otro examen para el curso de alemán que ahora tengo que hacer.
Ahora, después del examen, me he mudado al cuarto de Arlie.

26. 08. 2008 Cuarto de Arlie, Neuenheimer Feld.
Hoy ya es viernes, una semana después de mi llegada. Ayer miré algunas páginas web, he encontrado tres que parece buenas, por lo menos en su página web. Hay una Brüdergemeinde (Asamblea de Hermanos o Hermanos Libres) cerca a la estación central de Heidelberg. Esa voy a visitar primero, porque es la más cerca. Es un poco raro para mí ir a una de esas iglesias. En Lima son totalmente desconocidas, y nunca estuve en una.
Ya les escribí. Ellos han respondido. A ver pues, sólo queda esperar, que todo vaya bien y que sea la voluntad de Dios.

Nota: Aquí termina la versión en Alemán. Actualmente voy a esta iglesia. Los hermanos me recibieron muy bien. Al día siguiente, sábado, fui a ayudar a limpiar, ya que habían tenido una actividad con las mujeres. Luego de haber almorzado en la casa de uno de los jóvenes de la iglesia que me había invitado a comer. El domingo asistí al servicio y uno de los hermanos leyó mi carta de presentación a la iglesia y desde ese entonces esa es mi iglesia.

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